Capítulo 1

Cuenta la leyenda que en la población de Gátova había un lugar llamado la Cueva de Sacañé donde emanaba en ocasiones una dulce melodía que recordaba el sonido de un violín…

Aquella mañana de agosto sentí deseos de visitar la cueva de la que tanto me había hablado mi abuela… Salí de aquel pintoresco pueblo con el fin de descubrir el interior de aquella cueva donde se decía que se oían ruidos extraños y en ocasiones el suave murmullo de un coro de voces femeninas…

El camino hasta llegar a la cueva está limitado por parcelas irregulares de olivos que posiblemente se llevaron a cabo hace muchísimos años como cumpliendo aquel código rural bizantino.

El paraje es una delicia para los sentidos por la abundancia de fauna y flora. En el camino observamos los vestigios de un molino de piedra que nos evoca tiempos pasados donde el oficio de moler grano era la base de la economía rural. Hay una vista inconmensurable y en lo más alto aparece la montaña del Gorgo, la mayor elevación de esta bella zona de la Sierra Calderona y protectora del Parque Natural.

Su nombre se debe posiblemente por lo extenuante de alcanzar su cima y el placer de coronarla, como en similitud se llamó Gorgo a la nave mitológica que embarcó Perseo, después de su victorioso combate contra Medusa. Un paisaje de salvaje belleza, de tierras valencianas donde acaricia el viento puro y fresco de alta montaña…

Capítulo 2

…y por fin muy cerca se haya la cueva de Sacañé que se desliza muy bruscamente hacia abajo como enorme grieta que se abre en la tierra. La entrada a la cueva está plagada de enormes pedruscos como si un seísmo las hubiese dislocado. Es una enorme boca de la tierra que produce deseos fascinantes de entrar por ella y al mismo tiempo desaparecer. Cuando me di cuenta estaba penetrando por aquella garganta… De momento me quedé atónito; me pareció oír como el aire transportaba en sus ondas un leve sonido musical. Presté atención! Sí, se oía como un violín lejano que desgranaba notas melodiosas y envueltas en ellas, un suave perfume a planta aromática, como a romero silvestre…

Capítulo 3

Me acerqué al grupo más próximo para indagar qué era lo que había ocurrido en tan pocas horas para que el pueblo se hubiera transformado de aquel modo, y un mocetón que cantaba jotas (baile típico del pueblo) me explicó: Estábamos en la plaza cuando de repente oímos el sonido de un violín, con una potencia extraordinaria, pero con una dulzura que nos hizo pasar a todos por una gama de emociones que no se puede describir con palabras… Interrumpió súbitamente su descripción y me dijo: – ¡Presta atención! -¡Otra vez se oye el violín! Era una dulce melodía de añoranza social, de belleza en el mundo, de paz, de responsabilidad, de amor. Ese es el espíritu de Sacañé jaleo todo el mundo!

Capítulo 4

A mi regreso al pueblo encontré la gente cambiada. No había desequilibrios entre el volumen de población y la capacidad de subsistencia. Había espacios verdes, jardines de infancia. No existían motivaciones políticas ni bandos irreconocibles. La gente se saludaba unos con otros, y en la compleja variedad de situaciones se ayudaban con espontaneidad. En aquellos vaivenes de coyuntura económica-social, los trabajadores en la taberna se comprometían a no ser vulnerables a las inseguridades del empleo, a no ser desconsiderados entre sí, a no cometer injusticias… Por las calles sorprendí conversaciones tan interesantes como las de ayudarse a derribar paupérrimas viviendas para construir otras de acuerdo con modernas instalaciones. A un grupo de agricultores hablando sobre colaboraciones para trabajar en común y poner en valor su digna y necesaria profesión bajo un proyecto común. Todo parecía enmarcado en un luminoso haz de luz. La mentalidad era totalmente nueva. Se había desterrado la guerra de conveniencia humana, se había superado los sentimientos de desprecio y desconfianza de los unos para con los otros… Se había superado, en fin, el individualismo que caracterizaba al pueblo y a la sociedad en general…

Capítulo final

Me acerqué al grupo más próximo para indagar qué era lo que había ocurrido en tan pocas horas para que el pueblo se hubiera transformado de aquel modo, y un mocetón que cantaba jotas (baile típico del pueblo) me explicó: Estábamos en la plaza cuando de repente oímos el sonido de un violín, con una potencia extraordinaria, pero con una dulzura que nos hizo pasar a todos por una gama de emociones que no se puede describir con palabras… Interrumpió súbitamente su descripción y me dijo: – ¡Presta atención! -¡Otra vez se oye el violín! Era una dulce melodía de añoranza social, de belleza en el mundo, de paz, de responsabilidad, de amor. Ese es el espíritu de Sacañé jaleo todo el mundo!